sábado, 9 de noviembre de 2013

Kristallnacht (noche de los cristales rotos)


En una noche de estas de un día 9 de  noviembre como hoy, 75 años después, aun uno se pregunta que razón de supervivencia dio pie a tanta barbarie, si su delito era ser judíos, el mío lo es no serlo, pido perdón  por ello, no dejo de pensar en esos niños que no podían jugar en parques, piscinas ni entrar en museos, eso era poco para lo que se merecía tanta inocencia, por eso se les expulsó de las escuelas publicas, todo era poco para racionalizar tanta injusticia, sus sonrisas eran motivo de vómitos y arcadas, que escocia la epidermis, era indecente que esos niños consiguieran llegar a ser felices, que sus manos pequeñas y tiernas jugaran por las calles, sin nada que les atenazara tanta imaginación, era un peligro no confiscar sus miradas, sus cuentos de infancia, su delito siendo o no polacos, alemanes, austriacos, consistía en ser hijos, hermanos, padres de  judíos.

Iba cogiendo forma las aceras con sus escaparates de cristales rotos, el silencio de las gentes que salían a la calle  aquella mañana de 10 de noviembre, ponía de relieve una complicidad implícita de una humanidad inmune a tanta inmundicia, desde entonces fue sistemática la represalia de quien estaba por debajo de la raza aria, en particular  judíos y  gitanos,  fueron acosados, represaliados, exterminados, el fascismo y el antisemitismo fueron el detonante  de mas noches y días de holocausto.

la escenificación de quienes aquella mañana de noviembre se asomaban al precipicio de la sin razón, en forma de mas de 7000 comercios destrozados, 250  sinagogas quemadas, mas de 30.000 judíos  ultrajados, detenidos, cientos de ellos asesinados de manera inmediata, no se podían imaginar como ese día iba a ser el reflejo de lo que después encarnaría sus siluetas reflejadas en aquellos cristales rotos.

El odio y su silencio serian la amalgama de lo que después llegaría a ser  un secreto a voces,  no había lugar para esconder tanta inmundicia,  ni el humo invisible de las chimeneas, ni el sabor a quemado de aquellos campos de concentración que nadie olía servirían de debate hoy para limpiar conciencias, y combatir la nada, que lo era todo para las victimas de aquel holocausto,  hoy 75 años después de aquella noche de 9 de noviembre de 1938, rindo tributo poniendo nitidez a este cristal entero, en forma de escaparate escrito,  sin ningún tipo de arañazo ni rotura,   para que se refleje la verdad cruel de la memoria histórica, con todas sus palabras, sin quitar ni una coma, ni un solo punto, tal como fuimos,  y no se olvide, que no se repita.


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