domingo, 17 de marzo de 2013

Cáritas


Como una flama me subió de los pies a la cabeza, nada mas entrar en aquel local, todo se vendía, y todo era gratuito, “solo la voluntad…”  decía uno de aquellos carteles en la pared, sonrisas de niños, un grupo de personas mayores, la cruz de caritas, decoraban la estancia, me sentí extraño, como pisando el mar, descolocado, nunca estuve mas cerca de la pobreza que esa tarde, estaba dentro de aquella habitación humilde, no pasaba de largo como hacemos con quienes nos cruzamos en las esquinas y soportales de las calles pidiéndonos limosna, quise no haberme puesto mi mejor chaqueta, no era de marca, pero en aquel local, poco era demasiado, nada era lo normal, y mis zapatos que eran de piel no pegaban en aquel suelo frío de baldosas antiguas.

Pase vergüenza por no ser rico y poder ayudar  aquella gente, quizás fuera por no ser pobre como ellos, y pensé en Diós, y en las veces que le había rezado pidiéndole, alguna que otra cosa, no lo necesitaba tanto como esa gente, y sin embargo, siempre he tenido la sensación de que me escuchaba,  no entiendo nada, no era justo pedir cuando se tiene lo que esa gente no tuvo nunca, cuando se conoce el sabor del jamón, de una centolla, del cordero, de una fabada,  cuando se han descorchado botellas de vino, de cava, cuando se ha viajado en avión, en barco, se ha montado a caballo o en globo, no es justo,  nada parece serlo en esta vida de pobres y ricos.

Miro a mi alrededor y pienso en las cosas materiales que me rodean, este ordenador en el que escribo, el teléfono móvil, la campana extractora de la cocina, el microondas, un televisor cada vez mas fino y con mas pulgadas, navegamos por la red en un crucero virtual que nos lleva de un sitio a otro sin movernos, convertimos amigos sin tocarnos, nos hacemos felices e  infelices al mismo tiempo, no lo sabemos, necesitamos cada vez mas, y no sabemos de qué, nos movemos de un sitio a otro sin saber donde queremos ir, no hay un punto de partida, ignorando el destino, no sabemos donde ni cuando llegaremos, no sabemos nada, y creemos saberlo todo.

Aquella tarde, dejé de ser yo, y me detuve en un póster que decía “ estos corazones no pueden quedarse parados” , y empezó mi corazón a caminar, y mi alma a vivir, mi cabeza a pensar que todo lo que me rodeaba no tenia valor, eso era Cáritas, amor, eso es lo que recibí, comprendí que tenia que mejorar mi argumento, ser buena persona no es solo no desear el mal a nadie, es construir, es caminar, iniciativas, gestos, hechos, en caso de necesidad un poco de nada es muchísimo.

A veces parece que Dios no está siempre donde se le necesita, y que, como humano nunca se inclina por el más débil, para dejar que el pobre siga teniendo hambre, sed, dolor, frío y necesidades, como si fuesen sometidos a una prueba divina, sea así si Dios así lo ha querido, y a quien enferma, a quien se siente solo y abandonado, Dios le abrace y le bendiga lo tenga consigo en el reino de los cielos, los demás sigamos andando haciendo camino,  recemos con las manos, con los gestos, con los hechos, con los sentidos, caritas nos acerca al débil, al  pobre y el pobre nos indica el camino hacia Dios, “ser feliz es dar” , así de simple, lo leí  aquella tarde en la pared de aquel local humilde de Cáritas, salí de allí recibiendo más de lo que ofrecía,  desde entonces gracias a Cáritas intento ser feliz simplemente dando.

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