Como una flama me subió de los pies a la cabeza, nada mas
entrar en aquel local, todo se vendía, y todo era gratuito, “solo la voluntad…” decía uno de aquellos carteles en la pared,
sonrisas de niños, un grupo de personas mayores, la cruz de caritas, decoraban
la estancia, me sentí extraño, como pisando el mar, descolocado, nunca estuve
mas cerca de la pobreza que esa tarde, estaba dentro de aquella habitación humilde,
no pasaba de largo como hacemos con quienes nos cruzamos en las esquinas y
soportales de las calles pidiéndonos limosna, quise no haberme puesto mi mejor
chaqueta, no era de marca, pero en aquel local, poco era demasiado, nada era lo
normal, y mis zapatos que eran de piel no pegaban en aquel suelo frío de
baldosas antiguas.
Pase vergüenza por no ser rico y poder ayudar aquella gente, quizás fuera por no ser pobre
como ellos, y pensé en Diós, y en las veces que le había rezado pidiéndole,
alguna que otra cosa, no lo necesitaba tanto como esa gente, y sin embargo,
siempre he tenido la sensación de que me escuchaba, no entiendo nada, no era justo pedir cuando
se tiene lo que esa gente no tuvo nunca, cuando se conoce el sabor del jamón,
de una centolla, del cordero, de una fabada,
cuando se han descorchado botellas de vino, de cava, cuando se ha viajado
en avión, en barco, se ha montado a caballo o en globo, no es justo, nada parece serlo en esta vida de pobres y
ricos.
Miro a mi alrededor y pienso en las cosas materiales que me
rodean, este ordenador en el que escribo, el teléfono móvil, la campana
extractora de la cocina, el microondas, un televisor cada vez mas fino y con
mas pulgadas, navegamos por la red en un crucero virtual que nos lleva de un
sitio a otro sin movernos, convertimos amigos sin tocarnos, nos hacemos felices
e infelices al mismo tiempo, no lo
sabemos, necesitamos cada vez mas, y no sabemos de qué, nos movemos de un sitio
a otro sin saber donde queremos ir, no hay un punto de partida, ignorando el
destino, no sabemos donde ni cuando llegaremos, no sabemos nada, y creemos
saberlo todo.
Aquella tarde, dejé de ser yo, y me detuve en un póster que
decía “ estos corazones no pueden quedarse parados” , y empezó mi corazón a
caminar, y mi alma a vivir, mi cabeza a pensar que todo lo que me rodeaba no
tenia valor, eso era Cáritas, amor, eso es lo que recibí, comprendí que tenia
que mejorar mi argumento, ser buena persona no es solo no desear el mal a
nadie, es construir, es caminar, iniciativas, gestos, hechos, en caso de
necesidad un poco de nada es muchísimo.
A veces parece que Dios no está siempre donde se le
necesita, y que, como humano nunca se inclina por el más débil, para dejar que
el pobre siga teniendo hambre, sed, dolor, frío y necesidades, como si fuesen
sometidos a una prueba divina, sea así si Dios así lo ha querido, y a quien
enferma, a quien se siente solo y abandonado, Dios le abrace y le bendiga lo
tenga consigo en el reino de los cielos, los demás sigamos andando haciendo
camino, recemos con las manos, con los
gestos, con los hechos, con los sentidos, caritas nos acerca al débil, al pobre y el pobre nos indica el camino hacia
Dios, “ser feliz es dar” , así de simple, lo leí aquella tarde en la pared de aquel local
humilde de Cáritas, salí de allí recibiendo más de lo que ofrecía, desde entonces gracias a Cáritas intento ser feliz simplemente dando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario