La vida en si es una comparsa, risas y mascaras, aquellas
que en otros tiempos hacían de cabecera de diarios a cinco columnas, y que hoy
no son mas que papel de imprenta y fotocopias de gente sin originalidad,
avalados por la mal sonada publicidad oficial, cuya mentira se subvenciona en
forma de verdades a ritmo de boletines oficiales.
Ya nadie sabe si un bigote vestido de verde y un tricornio es parte de esa comparsa, o si una
toga lleva un logo político en lugar de una venda, cuando quien la viste cada
vez mas a menudo olvida que las puñetas se llevan en la manga para que no sea
demasiada ancha, intentando evitar que quienes las ostentan nos hagan la puñeta
siempre a los mismos.
Aquellos años de prohibiciones y metáforas escritas en
rostros de caretas, figuras de cartón piedra, quemados en fallas, hogueras de
San Juan, en chistes escritos sobre globos de papel que desaparecían al
soltarlos en el cielo oscuro de noches de verano por los pueblos de España,
como Betanzos, que parece aun tocado por su Meigas, cuando en San roque, su
plaza se llena de gente queriendo hacer justicia a quien se la merece.
Calles disfrazadas de gente sin miedo, sin rostro,
invirtiendo los sexos, zapatos de tacón medias de seda en piernas depiladas,
sus andares libres por las aceras, como mujer coquetas con sus labios pintados
de un rojo pasional, y complementos, bolsos, collares, brillantina en la piel,
plumas que giran en torno a una mujer en un cuerpo de hombre, a un hombre en
cuerpo de mujer, nadie lo quiso, nadie supo porqué, así se nace, y así se
morirá.
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