miércoles, 26 de febrero de 2014

Don Carnal y Doña Cuaresma


La vida en si es una comparsa, risas y mascaras, aquellas que en otros tiempos hacían de cabecera de diarios a cinco columnas, y que hoy no son mas que papel de imprenta y fotocopias de gente sin originalidad, avalados por la mal sonada publicidad oficial, cuya mentira se subvenciona en forma de verdades a ritmo de boletines oficiales.

Ya nadie sabe si un bigote vestido de verde y un  tricornio es parte de esa comparsa, o si una toga lleva un logo político en lugar de una venda, cuando quien la viste cada vez mas a menudo olvida que las puñetas se llevan en la manga para que no sea demasiada ancha, intentando evitar que quienes las ostentan nos hagan la puñeta siempre a los mismos.

Aquellos años de prohibiciones y metáforas escritas en rostros de caretas, figuras de cartón piedra, quemados en fallas, hogueras de San Juan, en chistes escritos sobre globos de papel que desaparecían al soltarlos en el cielo oscuro de noches de verano por los pueblos de España, como Betanzos, que parece aun tocado por su Meigas, cuando en San roque, su plaza se llena de gente queriendo hacer justicia a quien se la merece.

Calles disfrazadas de gente sin miedo, sin rostro, invirtiendo los sexos, zapatos de tacón medias de seda en piernas depiladas, sus andares libres por las aceras, como mujer coquetas con sus labios pintados de un rojo pasional, y complementos, bolsos, collares, brillantina en la piel, plumas que giran en torno a una mujer en un cuerpo de hombre, a un hombre en cuerpo de mujer, nadie lo quiso, nadie supo porqué, así se nace, y así se morirá.

 Son días de ironía,  cuyo doble sentido como orden natural de la cosas justifica el mundo el que vivimos, cuando no es fácil ponerse en el lugar del otro, justificando  miedos, injusticias, ruindades, quienes somos nosotros para deshacer lo que  Dios hizo, que perfección divina nos atribuimos, sal a la calle se tú, sin importar lo que los demás piensen de cómo eres, y cuando la cuaresma llame a tu puerta, deja que entre, que don carnal por una vez no pierda la batalla, para que nunca mas al salir a la calle te tengas que esconder en tu careta

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