jueves, 20 de febrero de 2014

Lisboa

Lisboa, ribera de un tajo, que pierde su horizonte español, y se retuerce en su estuario en forma de fado, con sus escalinatas y balcones de tendales y ropas en sus barrio alto, de donde sale un hilo musical siempre sonando por sus esquinas y sus portales se convierten por momentos en improvisados pistas de baile a ritmo de samba, fusionando los tiempos del ayer y de hoy cuando vasco de gama, sucumbía al oro brasileño, en época de especias y ruta de nuevos descubrimientos de camino a la india.

Lisboa, romántica, de un clásico perenne que no madura, besos bajo faroles encendidos, y el sonido antiguo de un tranvía moderno que recorre sus calles a destiempo.
Lluvia que cae sobre adoquines, con sus gotas de agua haciendo charcos, regueras que en forma de tajo bajan desde su parte alta, paraguas y armónicas de afiladores que pasean por sus calles, en busca de navajas, cuchillos, tijeras que afilar en sus piedras a ritmo de pedal y bicicleta, sabores de tasca, de bacalaos en sus cientos de modos de saborearlos, comida casera , de antaño, imágenes en blanco y negro sobre una Lisboa que también sabe vestirse a modo de fotograma en color, una Lisboa mas vieja, mas moderna, mas distinta y siempre igual.

Lisboa, donde siempre se vuelve, porque el pasado es parte del presente, y su  futuro se escribe recordándolo, y leyendo una frase de Saramago.

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