martes, 9 de abril de 2013

el arte no tiene precio


Los colores dependen de sus tonalidades, de la luminosidad con que se reflejen sus técnicas, sea en tempera, cera,  óleo, crayones, acuarela, pastel, tinta,  interpretados con el pigmento de la sustancia de la imaginación, el realismo, los botellones, el autorretrato, el cubismo, lo abstracto…

Los museos se miran pero no se tocan, el tacto es lo que me hace más débil al no poder tocar los lienzos que observo, cuando miro un cuadro con la pobre lectura que mi ignorante visión  cultural puede darme, se me escapan los dedos detrás de los lienzos, quiero refrendar lo que siento al percibir  el relieve de las imágenes que sobresalen de la tela esculpida en pigmentos, hacer que sus personajes caminen, que sonrían, que se levanten de donde están sentados,  escuchar lo que tienen que decirme de sus silencios, salas amplias de baldosas brillantes como frío abstracto en contraste con el calor la fuerza y el vigor  con el  que sus pintores cogieron sus paletas al crearlos.

El arte es complicado de mirar, los artistas son muy raros, sus corneas distorsionadas hacen que se vistan del revés, y que su gama sea más amplia que la de los siete colores del arco iris, suelen adelantarse a su época y pintan lo que todavía no se ha inventado,
sus vidas suelen ser tristes cuanto que nadie puede sorprenderlos, se esfuerzan en tomarse en serio lo que hacen, y nunca quedan satisfechos de sí mismos.
son tratados injustamente, sus pinturas se revalorizan al tiempo que su existencia queda disminuida a la nada, como Van Gogh, cuya pintura sólo fue reconocida después de su muerte, eso mismo pasa con los poetas, él también lo era.
  
Critico de arte cuyas teorías difuminan trazos y formas que dan un sello a quien sigue la línea de sus artículos en revistas o cuadernos profesionalizados dentro de un contexto de tasación que se consolida en la subasta de quien levanta un  brazo dando precio y poniendo  valor a la pintura en cuestión, despejando todas las dudas sobre lo atractivo que resulta económicamente invertir en arte, como lo puede ser en deuda del  Estado.
es lo que acerca al poseedor del lienzo del artista, la locura  del creador, la de la  tasación de su creación, el ver como el don del pintor es  convertido en un negocio abstracto para el fisco, siempre se dijo: “el arte no tiene precio”.

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