El estado nos gestiona el miedo, y la pobreza, nos mira
desde arriba con indiferencia, nos dice hasta donde podemos pasar, y nos señala
una línea roja en las aceras de las calles por los que los políticos nunca pasean.
No es que haya mas o menos políticos corruptos de cualquier
siglas, te pongas de perfil de derechas o izquierdas, es que el sistema es una estafa en sí misma
que nos hace pequeños empobreciéndonos, en la Europa del futuro el presente
nada funciona, los Países se rompen en regiones, pueblos o ciudades, como
simples mitosis cuyo núcleo huele a podredumbre, y de manera antinatural nos dividen de forma poco
equitativa, siempre fue así. Los países del norte, los del sur, el mal llamado
tercer mundo, los que se mueren de hambre, los que no tienen agua que sacie su
sed, los que cruzan océanos en pateras, y los que van con gastos pagados en un
camarote doble exterior con bebida incluida rumbo al caribe o a la preciosa Grecia blanquecina pintada en Cal.
El escrache, proviene de argentina, como no podría ser de
otra manera, cuyo pueblo sufrido en
tantas épocas, combatió el hambre y las indignidades con imaginación,
reclamando justicias y derechos donde nunca los hubo, puerta a puerta, se
preguntaban donde estaban sus hijos, donde sus ahorros, donde su presente,
donde su futuro.
No hay día que en los medios un señor con corbata chillona y
camisa de cuello de escayola, nos presente
a los culpables que en la calle quieren saber, gentes del pueblo llano con o sin estudios, pero con honestidades y dignidad, que se preguentan porqué hay
instituciones con tantos imputados,
partidos políticos sin auditorias, Bancos sin dinero, Casas reales sin
nitidades y cárceles sin delincuentes de
guante blanco. Jueces que utilizan sus puñetas para hacer la puñeta a
quienes menos se lo merecen.
El sistema no funciona, es injusto, y hace que el rico sea
más rico y el pobre no pueda serlo mas de lo que ya lo es. Kafkiano es preguntarse
porqué el obrero no sabe hacerse rico sumando de dos en dos, porque al llegar
al cuatro, el estado le quita uno, y de los tres que le quedan, necesita dos para comer. En cambio el político de turno, no sabe lo
que es gastar porque todo le sale gratis, y además siempre le salen bien los
negocios comprando por cinco y vendiendo
por veinticinco, aunque lo primero que ponga en venta sea su dignidad.
Yo quiero votar a una de esas plataformas ciudadanas para
que me gobiernen, ellos no saben hacerse ricos,
y sumando de dos en dos, por muchos cuatro que den su resultado, no
podrán acabar con las arcas del Estado, ellos no saben vivir a cuerpo de rey, y además tendrán menos gastos que los que tienen los que me gobiernan ahora.
Quiero una Ada Colau, de vicepresidenta, para que me
responda, y siga preguntándose así misma
porque nadie se preocupa de los desahuciados, no me importa que me hagan
escrache, y que llenen mi portal de pegatinas, no me siento aludido, y no tengo
nada que esconder. No me siento representado en el congreso por ninguna cámara ni alta ni baja que no sea la
canon con el que reflejo la realidad cuando aprieto el botón de su disparador. El
partido político al que voté la ultima vez, con su mayoría absoluta, no ha cumplido nada de su programa, me hubiera
dado igual de votar a la oposición, que
desaparecida tampoco cumple el suyo.
Escrache, es un escarnio público de dirigentes sociales y políticos
a quienes no parecen afectarles los recortes, siempre
sonriendo sus señorías, aplaudiendo en sus escaños, al sacar adelante no sé que ley, conscientes de que después nadie se preocupa
de cumplirla, como la de la Educación, la Sanidad o la de dependencia.
Se me ocurre que cada ciudadano deberíamos pegar una
pegatina, la mía pondría
“No, a los aforamientos, Si, a la igualdad de la ley para
todos...”
por algo se empieza, si el mal no fuese tan rentable, el escrache no existiría.
por algo se empieza, si el mal no fuese tan rentable, el escrache no existiría.
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