El ultimo naufragio, a las puertas de occidente, donde el agua azul
turquesa del mar se mezcla con su arena blanca y fina de Lampedusa, la Italia
mas al sur que existe, a mitad de camino entre Túnez y malta, paradójicamente
lugares de interés cultural y turísticos, tocados por la abundancia de lujosos
cruceros que navegan sus aguas, en busca de un pasado muy presente en África
oriente medio y Asia.
No se trata de números cuando cada uno de ellos lleva
aparejada la ilusión por vivir mejor de
quien no pudo hacerlo, los días de luto no son suficientes, cuando las noches
quedan a oscuras en la nada, rodeados de agua, de un mar mediterráneo, que como su nombre indica los separa de
quienes no tienen la necesidad de superar la muerte para llegar a la otra mitad
de la vida.
La hambruna es la ley mas justa entre los hombres, la que
nos hace iguales, por muy diferente que vivamos, por muy distantes que nos
sintamos los unos de los otros, y el color de la piel, los ojos, el pelo, nos
separe, nada hará que nos sintamos mas
iguales que el hambre, otra cosa será el como y cuando comamos. 1.500 personas mueren
al año ahogados en el mediterráneo intentando hacerlo sin conseguirlo según datos
de Naciones Unidas, pero más se hunde esta sociedad nuestra y de todos, que no oye la ayuda que nos piden, ni ve las
manos que intentan agarrarse a nosotros,
ni siente la hambruna que nos rodea, mientras somos capaces de seguir viviendo
en la opulencia como si normal fuera tanto naufragio, el mar todo lo tapa. todo
lo esconde en sus profundidades.
Vergüenza, Borgogna, Shame, Honte… que dichas por un Papa
resuenan en el eco profundo de un mármol reluciente, la divina opulencia de una
iglesia con banca propia, cuyo ultimo año ganó 86 millones de euros, cuatro
veces más que en el 2011, bajo el nombre de “ Instituto para las obras de
religión “, hábiles en el blanqueo de
dinero, pero incapaces de lavar conciencias y tapar la hambruna de los hijos de
Dios, que la iglesia dice representar.
El ultimo naufragio del pasado 3 de octubre, deja de serlo hoy día
12, ya no lo es, y a esas 400 muertes se
suman otras 35, como cifras que llegan y se van, sin nombres, sin historias con
pasado, presente, y futuro, estadística
en forma de números, como si fueran mesas con sus sillas, tazas y platos, ya
sabe que el Excel, es como el mediterráneo, una hoja de calculo donde todo
cabe, desde las ganancias del Instituto para las obras de religión (Banca Vaticano),
hasta las cifras de las vidas perdidas del ultimo naufragio.
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