Pensando en él, ella no quiso despedirse,
no quería que la línea
recta entre dos puntos los separase,
Le había dado aquella tarde, lo que con el sol,
ninguna mañana sintió nunca
Los reflejos de la
luz escondiéndose en el cuerpo de ese hombre, se grabaron en ella
Como la tinta china en papel de arroz, meticulosamente, a
mano, como se enseñaban las cosas en el pasado, intensamente, ella lo sintió
así, desde el primer instante hasta aquel beso ultimo que supo a poco y mucho al mismo tiempo.
el aliento de su compañía, fue su alimento de aquella
merienda,
escuchándole hablar
de cosas que desconocía
le enseño a mirar el mar de otra manera, leyendo sus olas de
tres en tres,
observando como del viento nacen los borreguitos hechos de
espuma blanca y sal marina,
le dijo del porque las mareas, y las dunas se mueven
empujando su arena
o como las algas,
sujetan la fuerza del mar antes
de llegar a sus playas
para que no desaparezcan.
Se reía con él, y de él salía su sonrisa hasta la misma
comisura de los labios,
Sus manos eran suaves, no hacían daño aun apretándolas,
Su mirada era como un pequeño poema con mucha altura
Su olor corporal provenía del mar y sus esponjas de corales
Lo absorbía todo, todo lo impregnaba, su recuerdo quedaba
en lo etéreo que una vez por momentos fue real.
Se fue porque quiso, tuvo miedo a enfrentarse a su mirada
A sus manos posadas en su espalda, al calor del vaho de una
palabra suya
El perfume discreto de su aliento, el morderse los labios
para parar sus ansias
Su deseo de comérselo, no supo dar el paso, dejo de
enfrentarse a la realidad
No volvió la mirada,
para que no la viera llorar
no quiso despedirse, y se fue caminando pensando en él…
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