jueves, 26 de diciembre de 2013

Café pendiente...

Café pendiente...

Como cada tarde mientras el viento se ponía de acuerdo con las ramas para dejar caer las hojas de los árboles, y  el frío hacia tapar las bocas con bufandas de lana de colores ocres, en la barra de madera antigua y brillos de barnices  marrones, junto a la estufa de leña que delimitaba el suelo de baldosas grandes con su tubo de acero ardiente,
Portadas de periódicos se asomaban al final de su fecha diaria, con sus hojas de segunda mano arrugadas por quienes los leyeron.

Aquella tarde, me imagine las mesas de mármol frío como lapidas, entre tertulias de hombres y mujeres, intercambiando versos como cromos, entre café y café, con camareros de camisa blanca y pajarita, peinados con la raya al medio.
El humo malsano de los puros habanos que de cuba venían envueltos en vitolas con sellos de Partagás  y Montecristo

Tradiciones aquellas de poetas con capas y sombreros, revistas literarias y   bolsillos vacíos de monedas, gente malsana que Vivían por y para la prosa y la poesía
samuráis que cumplían con sus obligaciones de caballeros, con sus armas de valores y conceptos y estilos propios, de quijotes y sanchos que se batían en duelo por dulcineas

Todo me retraía a la época en la que el aceite como materia prima, era un lujo que muy pocos gustaban empapando sus migas en su densidad liquida, con la errata que da la mancha de tinta imborrable en blanco papel, ese legado de prosa de la calle de los años 30, cuando no todos utilizaban pluma como hoy la cambiante informática.
Al pasar la puerta de aquel local del paseo de recoletos teniendo como  vecino el  museo del prado, y de clientela a generaciones del 27 y del 36, años de hambres de paz y de posguerras.

Recuerdo la sensación de poeta que tuve sentado frente aquella cristalera del Café Gijón
quise saborear el hambre intrínseca de Miguel Hernández, vestido de pobre, al lado de aquellas maduras vestimentas de Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Lorca, Alberti…
tertulias de  anochecidos sábados, consumiendo horchatas, aguas de cebada y café de puchero de ayer,
y me puse a hacer el tonto escribiendo unas frases sobre unas servilletas de papel, emulandolos, poesía sin rima, renglones sin prosa, sin una regla fija de sonetos y estrofas que hicieran historia como la de ellos, aquella tarde sin cerilleros, ni madan  que cantase, ni limpiabotas que dejasen brillantes mis zapatos, me alce el cuello del jersey disimulando la capa mas honrosa de aquellas de la época, y me vi poeta reflejado en el cristal de aquel ventanal, mientas afuera no eran carruajes sino coches de grandes cilindradas que circulaban en dirección al prado y Colon.


….esperando poner de moda el café pendiente, como proyecto y desafío  para el 2014





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