Pensando…
Al mirar el periódico esta mañana, la noticia no era que subía
la luz , el transporte, el dolor del alma, como cada año, como cada enero, y el balance que siempre parece ser negativo,
al año transcurrido, da pie a que desde ya, crucemos los dedos y pidamos a cada
uno de los dioses, vírgenes y amuletos cercanos, que el próximo año sea mejor.
y en nuestras casas los asuntos que quedaron pendientes, y los proyectos que
no llegaron a consumarse en el año que acaba, terminen de hacerlo progresivamente
de manera adecuada. Atrás dejamos lágrimas y sonrisas, tiempo de minutos y
horas, segundos que pasan sin llegar a contarlos, de manera digital o mecánica,
con el tic tac de un reloj de cuco, o el vacío que deja la mitad de sus partes
uno de arena.
No es de ahora que veo como la inercia no sigue la dirección
correcta, y las prisas aceleran la química que nos está turbando y consumiendo
tan equívocamente como cuando quemamos un árbol, manchamos las aguas de un río,
o llenamos los cielos de dióxido de nitrógeno (NO2), cambiando el color celeste
de nuestras ciudades por un gris feísimo en forma de boina.
No son pocos ni muchos los 30 del ártico a bordo del “Artic Sunrise Ship”, sobre la ironía del
destino, en la cubierta de ese ex-buque
pesquero de focas, manchada por su sangre, y que ahora tiene como lema “salvar
el ártico es salvar mucho más”, ellos son un rayo de esperanza entre tanta
inmunda dinámica que nos lleva al deshielo glaciar, la de forestación de masa
forestal, la desertización, poniendo rumbo con su rosa de los vientos a cada
uno de los cualquiera 32 rombos, en busca de su particular flor de lis, cuyo
norte la humanidad parece haber perdido por completo, conflictos armados de Afganistán,
Somalia, Siria, Sudan, Uganda, Irak, Egipto, Palestina, Líbano, Sudáfrica, Níger,
Birmania, Colombia, Yemen, el Cáucaso, El Congo, México,
Corea del Norte, Filipinas…, hasta donde, hasta cuando podremos soportarlo.
Quien se para en la próxima, cuantos deciden no bajarse de
este tren en marcha que no se detiene al llegar la estación de la paz, la
esplendidez, el amor, la generosidad…
Subamos al tejado mas cercano, observemos los pasos desde un
perfil mas alto, escuchemos los sonidos que emite el cableado cuando pasa por
él el fluido eléctrico, el agua cayendo a través del canalón por su vertiente,
miremos los silencios de frente, sigamos la sombra de los árboles que cruzan la
calle, el pequeño bordillo que la desfigura, repartiendo su herencia en dos
mitades
Pensando, seguirá mi desorden a contraluz de un verso, de
otros tantos poemas
Siempre al lado del hambre, de ese pequeño pez comido por el
grande, absorbiendo los sueños que quieran evitarla, como paño caliente, plasma
que minimice el daño cual victimas sin nombre, sin ropas, ni aparejos, sin
volumen ni cuerpos, tan pobre, tan rica,
como el alma desnuda que nos iguales hace.
Así, pensando
comienzo el año, “…sólo siendo mejores, cambiaremos entonces….”.
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