Bajo la sotana negra que se instituyo
en la iglesia a finales del siglo V, dando sensación de seriedad, simpleza
y austeridad, es el Código de Derecho
Canónico en su (canon 136) quien impone el hábito eclesiástico a todos sus
sacerdotes, su color negro representa la muerte de todas las vanidades de lo
humano, viviendo solo de Dios, como signo de pobreza, Jesucristo es el mismo
ayer y hoy. Nada de eso se refleja bajo
los deslumbrantes columnas de la plaza
de San Pedro, que abren la puerta al magno templo de la cristiandad, la
Basílica del pescador, lejos de sus sandalias, posa sobre sus mármoles y
bronces, en sus mas de 15.000 metros cuadrados, decorados con estatuas,
pinturas, baldaquinos de infinito valor, con capacidad de 60.000 personas, y un
7% de la superficie de la ciudad pontificia. Vaticano, Pontificio, papal,
apostólico, son sinónimos que marcan un
antes y un después en el ejercicio de
llevar el cristianismo de la manera que Simon pedro, el hombre pescador oriundo
de una pequeña ciudad del mar de Galilea, que lo dejo todo para predicar la
palabra de Dios, bajo la sotana de su fe, carente de estudios, su sobrenombre
de Pedro se lo puso Jesús, al señalarle como la “piedra” (petra en latín), el
hombre duro sobre la que habría de edificar la Iglesia. San Mateo
16.15-19:
“Bienaventurado eres,
Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que
está en los cielos. Y yo también te digo: que Tú eres Pedro y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y
a ti te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la
tierra, estará atado en los cielos; y todo lo que desates en la tierra estará
desatado en los cielos.”
Bajo la sotana blanca, “traje
piano”, en recuerdo al papa Pio IX, que instauró su uso, el santo pontífice,
tiene la tarea divina de hacerse responsable de la llave del reino de
los cielos y con ello seguir como pedro de atar y desatar a sus fieles,
confirmando la unidad de la iglesia en la fe y en la comunión, y esa comunión
como forma real del cristianismo, otorga a la iglesia un lugar donde se
destruyen las clases sociales, manteniendo en común necesidades y vivencias en
la unidad de la familia de cristo.
En su residencia de 44.000 metros cuadrados de
edificaciones, parques y jardines, el que el pontífice comparte con otros mil
habitantes, que nunca serán desahuciados, ejerce su divino mandato teocrático,
como justo castigo o premio celestial de llevar el honor del poder supremo en
la iglesia universal de la fe y la moral.
La pobreza entendida como vergüenza
es común estos días, cuando la gente no tiene que comer, pobres como lo fueron
las sandalias de Pedro, antes del primer cónclave, lejos del paradigma de toda
esa obra piramidal y compleja del
Vaticano, que apoyado en su Derecho canónico, la iglesia se aleja cada vez mas
de ese espíritu de unidad cristiana,
repartiendo nuncios por todo el mundo en lugar de panes y de peces, bajo la
sotana de uno u otro color.
Mi tristeza hoy, se refleja hace
unos instantes en el ultimo suicidio de un hombre que ha habido en mi ciudad, cuando estaba
siendo desahuciado, por la inmoralidad de muchos que no hicieron nada para
evitarlo pudiendo hacerlo, sé que mañana se olvidará irremediablemente, cuando
se amplíe la luctuosa lista de suicidios que llevamos, en este u otro lugar, lejos del parlamento que
tan distanciado esta de nosotros.
Huérfano de moral y valores me quedo una vez
mas, con la tristeza de ver como la gente llora más la renuncia a su papado del hombre que
viste el traje piano, que la historia que queda en cada uno de los que por un u
otro motivo deciden suicidarse, no me preocupa mas las dudas que se parece tener de que hacer con el
anillo de San Pedro, como llamar al renunciado, el color de la sotana que vista en su retiro en el
Monasterio Mater Eclesiae el obispo de Roma. Es la miseria humana que nos quita la vida, a veces con hambre, otras a empujones de indignidades.
Bajo la sotana del color de
los frescos de Miguel Angel, y el sonido del canto “ Veni Creator” (himno al Espiritu
Santo), el conclave se inicia con su
ritual: “Extra Omnes” (fuera todos los ajenos), y los cardenales de sotana
purpura se encierran en la capilla Sixtina, para la eleccion del nuevo papado
bajo la ayuda divina del espiritu Santo, y la fumata blanca indica que 2/3 del cardinalicio designan al nuevo pontifice, y el
cardenal protodiácono anuncia en
publico la frase “ Habemus Papam, y el elegido se asoma al balcón central de la
basílica de San Pedro, para impartir su “ Urbi et Orbi” (primera bendición).
Que el Espíritu Santo nos bendiga a todos,
con un buen hombre que sea capaz de acercar el cielo a la tierra, que tan lejos se encuentra hoy en día, bajo su sotana.
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