Al abrir cualquier libro, uno desea encontrar aquello que
sabemos que no cabe en él,
Sus pastas duras siempre me atrajeron, todos percibimos en su ilustración
el imán que nos atrae y nos pega
a él, y entre todos aquellos libros del montón, directos vamos a presentarnos sin timidez,
cogiéndolo el primero para conocerlo.
Parece hablarnos, y tiramos del hilo conductor que nos va
desvelando su historia relatada de aquella manera, mi manía, leer todas sus
dedicatorias, e imaginarme que soy una de esas personas a quienes se agradece
el apoyo prestado a quien lo escribió.
A que huelen los libros cuando son nuevos que a todos nos
gusta, su sabor para mi es la vainilla, te apetece comértelo cuando lo ves
posado en la estantería, nunca están solos, siempre emparentados, en títulos
diversos se etiquetan, de ficción, de poemas, novela histórica, ensayo,
juveniles, de historia, rodeados de otros como ellos, dando colorido allí
donde se encuentran, gusta tenerlos,
leerlos es otra cosa, algunos son pesados por dentro, nos hacen reír y llorar, otros aburren,
haberlos los hay que no dicen nada, muchos lo dicen todo en unas pocas paginas,
blanco sobre negro se sinceran, son tímidos, les cuesta llegar al final de la
historia, muchos forman parte de trilogías que son catalogadas en números, colores o cualidades
con un mismo afán de superación entre
ellos, y que el lector metido un uno u otro personaje ansia descubrir en su
nueva edición.
La oferta y la demanda convierten un buen libro en un best
seller como mejor vendido , y a sus
editoriales en las casas de autores con prestigio, el escritor mira al libro en
pretérito, huye del mismo, solo en actos
de firmas lo vuelve abrir, y tocando sus pastas lo dedica, pensando ya en el
próximo, será otro libro, otro siglo, otro país, distintos personajes,
diferentes historias que contar, otros
lectores a los que conquistar.
Los relatos van contando historias a través de una trama que
ponen al lector en sus renglones, las paginas van pasando una a una como si
fuesen días, pero el tiempo es mas largo y la vida no termina en su
contraportada, llegas a su final que queda abierto, te hicieron compañía, Rosa
y José se subieron al tren en vías distintas, no volverán a verse, tu a ellos
tampoco, de repente ya no te quedan paginas que pasar, en su punto y final te quedas huérfano,
cierras el libro, volverás a leerlo pasado un tiempo.
Libros que nos definen y que nos visten, forman nuestro
perfiles sin quererlo, mejorando en la vida con sus lecturas, nunca fueron
excusas no tener un minuto para un par de renglones y quedarnos dormidos
leyéndolos, viajar desde la almohada bajo las sabanas, dejándonos besar estando
solos, ponemos cara a quienes nunca vemos,
nos identificamos con sus sentimientos, con sus aciertos, no importa los errores que cometan, como
nosotros también ellos como lo son sus libros están vivos, personajes humanos, consejeros
de noche en la mesita nos alimentan, como la luna nos arropan, viajamos sin
movernos donde nos llevan, damos todos los besos que no pudimos darnos, y
sentimos la lluvia cuando llueve en ellos, nos mojamos pisando en otros
charcos, imaginamos, recodando momentos que un día fueron felices, seguimos
siendo niños como entonces, como lo son los críos jugando entre sus paginas, después
desde el presente sin poder evitarlo vulnerables al tiempo envejecemos, como
los personajes se vuelven mas canosos en sus textos, real o imaginario, todo esta en los libros.
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