sábado, 23 de febrero de 2013

Todo está en los libros...


Al abrir cualquier libro, uno desea encontrar aquello que sabemos que no cabe en él,
Sus pastas duras siempre me atrajeron, todos percibimos en  su ilustración  el  imán que nos atrae y nos pega a él, y entre todos aquellos libros del montón, directos vamos a presentarnos sin timidez, cogiéndolo el primero para conocerlo.
Parece hablarnos, y tiramos del hilo conductor que nos va desvelando su historia relatada de aquella manera, mi manía, leer todas sus dedicatorias, e imaginarme que soy una de esas personas a quienes se agradece el apoyo prestado a quien lo escribió.

A que huelen los libros cuando son nuevos que a todos nos gusta, su sabor para mi es la vainilla, te apetece comértelo cuando lo ves posado en la estantería, nunca están solos, siempre emparentados, en títulos diversos se etiquetan, de ficción, de poemas, novela histórica, ensayo, juveniles, de  historia,  rodeados de otros como ellos, dando colorido allí donde se encuentran,  gusta tenerlos, leerlos es otra cosa, algunos son pesados por dentro,  nos hacen reír y llorar, otros aburren, haberlos los hay que no dicen nada, muchos lo dicen todo en unas pocas paginas, blanco sobre negro se sinceran, son tímidos, les cuesta llegar al final de la historia, muchos forman parte de trilogías que son  catalogadas en números, colores o cualidades con un  mismo afán de superación entre ellos, y que el lector metido un uno u otro personaje ansia descubrir en su nueva edición.

La oferta y la demanda convierten un buen libro en un best seller como mejor vendido , y  a sus editoriales en las casas de autores con prestigio, el escritor mira al libro en pretérito, huye del mismo, solo en  actos de firmas lo vuelve abrir, y tocando sus pastas lo dedica, pensando ya en el próximo, será otro libro, otro siglo, otro país, distintos personajes, diferentes  historias que contar, otros lectores a los que conquistar.

Los relatos van contando historias a través de una trama que ponen al lector en sus renglones, las paginas van pasando una a una como si fuesen días, pero el tiempo es mas largo y la vida no termina en su contraportada, llegas a su final que queda abierto, te hicieron compañía, Rosa y José se subieron al tren en vías distintas, no volverán a verse, tu a ellos tampoco, de repente ya no te quedan paginas que pasar,  en su punto y final te quedas huérfano, cierras el libro, volverás a leerlo pasado un tiempo.

Libros que nos definen y que nos visten, forman nuestro perfiles sin quererlo, mejorando en la vida con sus lecturas, nunca fueron excusas no tener un minuto para un par de renglones y quedarnos dormidos leyéndolos, viajar desde la almohada bajo las sabanas, dejándonos besar estando solos, ponemos cara a quienes nunca vemos,  nos identificamos con sus sentimientos, con sus aciertos,  no importa los errores que cometan, como nosotros también ellos como lo son sus libros están vivos, personajes humanos, consejeros de noche en la mesita nos alimentan, como la luna nos arropan, viajamos sin movernos donde nos llevan, damos todos los besos que no pudimos darnos, y sentimos la lluvia cuando llueve en ellos, nos mojamos pisando en otros charcos, imaginamos, recodando momentos que un día fueron felices, seguimos siendo niños como entonces, como lo son los críos jugando entre sus paginas, después desde el presente sin poder evitarlo vulnerables al tiempo envejecemos, como los personajes se vuelven mas canosos en sus textos,  real o imaginario, todo esta en los libros. 

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