domingo, 27 de enero de 2013

felices para hartarnos


Solo así de repente no puedo imaginar como serán los días dentro de miles,
Si dejaremos de ser mortales de por vida, para no envejecer
Y seguir siendo niños, saltando charcos  manchándonos de  barro siendo ingenuos,  queriendo  ser mayores sin conocer a nadie que sea mala persona, jugar al escondite en las calles estrechas y firme de adoquines, casas de pueblo de olor a pan y leña,
 Mañanas de Domingos de misa y ropa limpia, tardes de paseo  y frutos secos,
Veranos que siempre recordamos, porque somos mas libres y hay menos reglas,
Playa o montaña, eras de pueblo, castillos, lagos y ríos
hambre de calderetas, postre de cuajada y de membrillos.

Crédulo de mi quiero pensar que la maldad no es tanta, que no nos alejamos de la naturaleza, supimos ser mejores que malos un día fuimos, arrepentirnos,  no dejar de ser hombres, ni personas, errores como todos cometimos, pero no fueron tantos ni tan graves, pudimos con la quema de  los árboles, el deshielo de iglúes, la suciedad de ríos y de mares, la acidez de la lluvia, el grisáceo del aire contaminado,  pudimos con el hambre, con las enfermedades, los días son el tiempo cuando se hacen de noche, que después ya no vuelven,  quiero pensar que nosotros seguimos, aunque esos años cuando cumplimos siete, quince o treinta, día a día ya no estén con nosotros, y pasemos por mucho los setenta.

Son pasos que damos dando tumbos de un sitio a otro, diferentes  destinos de cada uno, detalles que no vemos al respirar deprisa y nos ahogamos, corriendo vamos a todas partes cruzando aceras, la sonrisa es mecánica mientras damos los buenos días de plástico,
 la sonrisa  no se construye, esta hecha cuando nacemos, es natural si sonreímos como lo hicimos de recién nacidos, ya no nos acordamos, mientras la arrogancia, el orgullo la vanidad nos empuja y nos viste,  la vida nos va llevando donde no queremos estar, y dejamos de ser nosotros mismos para ser todo aquello que nos va rodeando.

La vida es eso, y será mucho más si nosotros queremos que lo sea,
Cuando un instante deje de ser recuerdos dentro de un rato
y su felicidad nos perdure en el tiempo, para después guardarlo en el primer cajón de la mesita, en el fondo de armario, en el reflejo al vernos del espejo de baño  al lavarnos la cara cada mañana, que la felicidad no sea metáfora, tengamos que cogerla al levantarnos, como coges las gafas para vernos,  y  al quedarnos dormidos, dejemos que repose en las pastas duras del libro que leemos cuando se pone el sol anocheciendo y la luna dibuja nuestras sombras.

Felices para  hartarnos, cuando la  juventud ya no envejezca
 y sea licito ser niño después de los setenta.

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