domingo, 13 de enero de 2013

vivir para contarlo


Nadie sabe de ellos, su muerte parece haber sido en vano, su vida apenas la vivieron,  tuvieron la desgracia de ser judíos, gitanos, republicanos españoles que no apátridas, y todos tenían en común, el traje a rayas (el Drillich), marcado con un número, un triangulo azul de apátrida con la S blanca de spanier, para los españoles, un triangulo verde para los presos comunes, rojo para los presos políticos, negro para personas antisociales, y la estrella amarilla para la mayoría, las dos terceras partes que eran judios.
Mauthausen y Gusen, fueron campos  de categoría III,  para el Tercer Reich, es decir: “Campos sin Retorno”. En verano se levantaban a las cinco menos cuarto de la mañana y a las seis menos cuarto en invierno, el que sobrevivía no paraba el  trabajo diario hasta las siete de la tarde, el peso medio de cada uno era de 40 kilos.
100 gramos de pan y un café aguado, una sopa aguada de puré de avena con pan con un trozo de patata o de malta, era su sustento que estaba preparado para sobrevivir de seis a nueve meses.
Existían mas de diez tipos de castigo diferentes, duchas heladas, celdas de estar de pie, permanecer desnudo toda la noche a la intemperie con temperaturas bajo cero, ahogamiento en tinajas de agua, arrojados por una cantera de 80 metros de altura, (al que los SS llamaban el salto de los paracaidistas), inyecciones de fenol y benceno en el corazón, trepanación de cerebros para su estudio, gaseamientos, disparos en la nuca, tiroteos masivos, ahorcamientos,  de 1940 a 1945, miles de personas murieron por muerte natural, así les costaba en sus fichas de defunción.
Como ellos, murieron otros 6 millones de judíos , en un plan de aniquilación que los alemanes nazis denominaron “la solución final”, fue desarrollándose en forma de guetos, hambruna, enfermedades y exterminio.
186 escalones construidos con la vida en la mina del campo, conocida como  la escalera de la muerte que subían a diario con bloques de piedras, no todos la bajaban.  
 De los casi 200.000 personas que pasaron por Mauthausen  y sus subcampos de alrededor, de 1938 a 1945, se estima que murieron 120.000,  de los cuales un tercio eran judíos,
El 5 de mayo de 1945, bajo un cartel que decia “ los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”, la 11ª división acorazada de los EE.UU,  liberaron Mauthausen, era tal la inhumanidad, vivida allí dentro  que en las mismas puertas del campo, los americanos retrocedieron al oler esa putrefacción y  ver esos esqueletos andantes, quienes a su vez, al ver a los soldados, sintieron tanta vergüenza y  pudor ajenos,  de verse como estaban ante el mundo, que en lugar de correr hacia la libertad tan deseada, se escondieron de nuevo en los barracones, ambas partes necesitaron tiempo para asimilarlo.
Pero el holocausto no eran aquellos que pudieron sobrevivir a tanta barbarie, sino el resto del mundo que impasibles ante su indiferencia lo hicieron  posible.
Casi 5000 de las 7200 españoles, un (65%), murieron en Mauthausen –Gusen.
La mayoría de aquellos héroes supervivientes al horror, no pudieron regresar a España teniendo que encontrar asilo en otros países, sobre todo en Francia, para España, seguían siendo apátridas, extremeños, andaluces, castellanos,  manchegos, catalanes, aragoneses, valencianos,  gallegos, asturianos, vascos, cantabros…., vieron como aquel 5 mayo de 1945, no fue un punto final, sino punto y seguido a sus desdichas,  como ellos decían al llegar al final del peldaño 186, en aquella escalera de la muerte, ese día solo fue “una victoria mas”, que les hacia vivir para contarlo.
 Con sus pieles forraban libros o hacían  lámparas, su piel preferida era la de los gitanos, porque tenían un color más oscuro. Les arrancaban los dientes de oro cuando morían y los fundían. Con el pelo, telas. Con los cuerpos, jabón. Y con los huesos, abono para el campo. "Muchos se salvaron gracias al destino, o gracias a Dios si son creyentes" como relata Lluís Reverté Saragossa, hijo de un catalán muerto en Mauthausen. Es el caso de un republicano español con miopía al que un día se le rompieron las gafas en el campo. Estaba apenado porque sin las gafas no podía ver nada, pero no era consciente de que lo que para él suponía un drama iba convertirse muy pronto en su salvación.
Al día siguiente convocaron a numerosos presos en la 'Appelplatz' o patio de revista, y se llevaron a las cámaras de gas a todos aquellos que tenían gafas. El destino de aquel día, infortunio para él en su momento, le salvó la vida y logró sobrevivir al campo. La epopeya de los españoles en Mauthausen es un hito incorporado a la Historia contemporánea francesa, aunque no pasa igual con la española, formaban parte del  medio millón de refugiados que cruzó la frontera francesa al final de la Guerra Civil. Los españoles fueron los primeros en llegar y los últimos en irse para contarlo.



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