Nadie sabe de ellos, su muerte parece haber sido en vano, su
vida apenas la vivieron, tuvieron la
desgracia de ser judíos, gitanos, republicanos españoles que no apátridas, y
todos tenían en común, el traje a rayas (el Drillich), marcado con un número,
un triangulo azul de apátrida con la S blanca de spanier, para los españoles,
un triangulo verde para los presos comunes, rojo para los presos políticos,
negro para personas antisociales, y la estrella amarilla para la mayoría, las dos terceras partes que eran judios.
Mauthausen y
Gusen, fueron campos de categoría III, para el Tercer Reich, es decir: “Campos sin
Retorno”. En verano se levantaban a las cinco menos cuarto de la mañana y a las
seis menos cuarto en invierno, el que sobrevivía no paraba el trabajo diario hasta las siete de la tarde,
el peso medio de cada uno era de 40 kilos.
100 gramos de pan
y un café aguado, una sopa aguada de puré de avena con pan con un trozo de
patata o de malta, era su sustento que estaba preparado para sobrevivir de seis
a nueve meses.
Existían mas de
diez tipos de castigo diferentes, duchas heladas, celdas de estar de pie,
permanecer desnudo toda la noche a la intemperie con temperaturas bajo cero,
ahogamiento en tinajas de agua, arrojados por una cantera de 80 metros de
altura, (al que los SS llamaban el salto de los paracaidistas), inyecciones de
fenol y benceno en el corazón, trepanación de cerebros para su estudio,
gaseamientos, disparos en la nuca, tiroteos masivos, ahorcamientos, de 1940 a 1945, miles de personas murieron
por muerte natural, así les costaba en sus fichas de defunción.
Como ellos,
murieron otros 6 millones de judíos , en un plan de aniquilación que los
alemanes nazis denominaron “la solución final”, fue desarrollándose en forma de
guetos, hambruna, enfermedades y exterminio.
186 escalones
construidos con la vida en la mina del campo, conocida como la escalera de la muerte que subían a diario
con bloques de piedras, no todos la bajaban.
De los casi 200.000 personas que pasaron por Mauthausen
y sus subcampos de alrededor, de 1938 a
1945, se estima que murieron 120.000, de
los cuales un tercio eran judíos,
El 5 de mayo de
1945, bajo un cartel que decia “ los españoles antifascistas saludan a las
fuerzas liberadoras”, la 11ª división acorazada de los EE.UU, liberaron Mauthausen, era tal la inhumanidad,
vivida allí dentro que en las mismas puertas
del campo, los americanos retrocedieron al oler esa putrefacción y ver esos esqueletos andantes, quienes a su
vez, al ver a los soldados, sintieron tanta vergüenza y pudor ajenos, de verse como estaban ante el mundo, que en
lugar de correr hacia la libertad tan deseada, se escondieron de nuevo en los
barracones, ambas partes necesitaron tiempo para asimilarlo.
Pero el holocausto
no eran aquellos que pudieron sobrevivir a tanta barbarie, sino el resto del
mundo que impasibles ante su indiferencia lo hicieron posible.
Casi 5000 de las
7200 españoles, un (65%), murieron en Mauthausen –Gusen.
La mayoría de
aquellos héroes supervivientes al horror, no pudieron regresar a España teniendo
que encontrar asilo en otros países, sobre todo en Francia, para España, seguían
siendo apátridas, extremeños, andaluces, castellanos, manchegos, catalanes, aragoneses, valencianos,
gallegos, asturianos, vascos, cantabros….,
vieron como aquel 5 mayo de 1945, no fue un punto final, sino punto y seguido a
sus desdichas, como ellos decían al
llegar al final del peldaño 186, en aquella escalera de la muerte, ese día solo
fue “una victoria mas”, que les hacia vivir para contarlo.
Con sus pieles forraban libros o hacían lámparas, su piel preferida era la de los
gitanos, porque tenían un color más oscuro. Les arrancaban los dientes de oro
cuando morían y los fundían. Con el pelo, telas. Con los cuerpos, jabón. Y con
los huesos, abono para el campo. "Muchos se salvaron gracias al destino, o
gracias a Dios si son creyentes" como relata Lluís Reverté Saragossa, hijo
de un catalán muerto en Mauthausen. Es el caso de un republicano español con
miopía al que un día se le rompieron las gafas en el campo. Estaba apenado
porque sin las gafas no podía ver nada, pero no era consciente de que lo que
para él suponía un drama iba convertirse muy pronto en su salvación.
Al
día siguiente convocaron a numerosos presos en la 'Appelplatz' o patio de
revista, y se llevaron a las cámaras de gas a todos aquellos que tenían gafas.
El destino de aquel día, infortunio para él en su momento, le salvó la vida y
logró sobrevivir al campo. La epopeya de los españoles en Mauthausen es un hito
incorporado a la Historia contemporánea francesa, aunque no pasa igual con la
española, formaban parte del medio
millón de refugiados que cruzó la frontera francesa al final de la Guerra
Civil. Los españoles fueron los primeros
en llegar y los últimos en irse para contarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario