Sumando geografías descubro golfos como:
el de Vizcaya, en el océano atlántico, desde cabo Ortegal
hasta Betraña, bañando el mar cantábrico y el francés del iroise en un extremo.
En el alto Ampurdam se abre al mar mediterráneo el golfo de Rosas, con su cabo de
Creus, y la disciplina de la tramontana, vientos norteños que sujetan el frío
con rachas de 200 kms/h, nombre que
recibe le la principal Sierra del norte de Mallorca, y que comparten al unísono
las islas baleares y Cataluña.
El golfo de San Jordi, en su costa dorada de luz,
cañaverales, carrizal de arroces y especies naturales que del Delta se nutren,
cuando el Ebro se vierte en el mar.
Golfo de Valencia, inmenso entrante del mar mediterráneo y
de albuferas, arrozales, cítricos y
hortalizas que en él conviven, costa del azahar , costa de valencia, que en sus 400kms de litoral playero, atraen el
turismo de sus pueblos costeros, Oropesa, Sagunto, Cullera, Gandia..,
Golfo de mazarrón, con sus cabos de palos y de gata, donde
Murcia se abraza a Andalucía, y el mar de alborán, da la mano al mar mediterráneo, puntos
suspensivos del golfo de Almería, con
sus acantilados de sus rocosas premoniciones béticas.
Golfo de Cádiz, que cubre toda su provincia, y en Huelva su río
Guadiana hace frontera con el Algarve portugués, que se vierte al
atlántico, perdiéndose en su océano.
Golfo Ártabro, con sus rías de Coruña, Betanzos, ares, y
Ferrol al fondo, lugares de naufragios, y batallas, a mitad de camino entre las
rías bajas y las altas, donde la costa de la muerte empieza a coger vida de
nuevo, y la marina lucense va tomando forma con sus típicos acantilados de Ortegal.
Y así, sumando geografías, uno se encuentra con otros golfos
que delimitan con la moralidad y la indecencia de esta España nuestra,
rodeados de cuentas suizas, paraísos fiscales, a los que nadie llega, y
donde todos parecen estar.
Golfos que recurren a las leyes que ellos mismos hacen para
no ejecutarlas, su vida son normas que, como la Constitución, se toman de
ejemplo para nunca cumplirlas.
Golfos que comen extirpando las entrañas de su prójimo,
golfos que solo saben dar para quitarnos, después ya se sabe, recortes, subidas
de iva y otras venidas con más impuestos, financiaciones irregulares, preferentes de fondos que no lo son, bancos que no llamaron malos y
que nunca dejaron de serlo, eres que nos traen de Europa en forma de euros para
arroparnos y que nos llega a todos a modo de despidos, dejándonos sin ropajes con que vestirnos, y como de costumbre nadie asume la culpa de nada. El Banco de España no es de
los españoles, sino de unos pocos, las
diputaciones existen solamente en sus nóminas, las cámaras no son altas ni
bajas sino burbujas, donde sus señorías, se aplauden así mismos sus inaptitudes,
las Comunidades no son tan autónomas, y
gastan multiplicadas por diecisiete,
comisiones políticas de investigación que ilustran la mejor manera de saber que
ha pasado para taparlo, y que hoy que me ha tocado a mi, mañana seas tú quien seas
beneficiado. Indultos sangrantes a discreción que no dejan rastro de su sangre
política.
golfos que dejaron de robar a dos manos, para hacerlo en
otras tantas cuentas extranjeras de interminables números digitales, con códigos
ocultos que denotan la transparencia de quienes las abren.
Golfos y más golfos que no pagan sus préstamos a los bancos
que ellos mismos dirigen y no son desahuciados como nosotros, que nos llevan al euro por receta, a no tener
urgencias a partir de la cena, a la privatización de nuestros hospitales, cuyas
edificaciones no dejaran de ser públicas porque fuimos nosotros quienes lo
pagamos.
Golfos que comen gratis, y viajan en clase preferente, que
tienen Internet fuera de sus despachos con tarifa plana, ipads, móviles telefónicos, bonos de taxis
que no son nominales, y que utilizan otros en su nombre, dispensa de multas de
tráfico, prejubilaciones millonarias, indemnizaciones varias, y la utopia de no
pagar las tasas judiciales, que aunque estén exentos de pagarlas, porque hacen las leyes para sí mismos, estos golfos también parece que lo están de ser
juzgados, las carceles son para los mortales.
Golfos indignos que se reúnen varias veces al año en
congresos de partidos políticos, cambiando los colores de las siglas, para dar
nuevos aires, aunque sus mentiras sigan siendo las mismas, congresos federales,
regionales, extraordinarios, reuniones en cuyos hoteles de cuatro y cinco
estrellas nos estrellamos todos al pasar la factura, que les pagamos todos.
Golfos que viven a costa de la impunidad de las
instituciones, golfos con nombres y apellidos, y que no son geográficos, urdangarines.
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