martes, 15 de enero de 2013

Paris


Aquella tarde, empezó a llover,  me protegí del agua en un café pequeñito del Paris del sena, las gotas gordas conformaban los charcos, que indicaban que la lluvia  iría a mas, las cristaleras empañadas de vaho y sabores no dejaban ver la terraza con sus sillas  mojadas al aire, la lluvia no amainaba, cuando el viento hizo su presencia, las calles parisinas se llenaban de gorros y bufandas, de  paraguas abiertos, y guantes de pieles, así fue siempre el frío parisino del otoño romántico francés, sus relatos son muchos, sus besos infinitos, su vino caliente con canela.
 Desde el Louvre hasta la torre Eiffel, el sena patrimonio de la humanidad, nos acerca a sus gentes, la isla de la cité, nos muestra su universal catedral de Notre dame, fue allí en mitad de aquel mercado de las flores, donde supe de ti, tu letra menuda me remitía a los años de la revolución, al compás del silbido de la marsellesa  imaginé como seria tu cara, y el tacto de tus manos, que escribieron esa carta perdida con tu nombre, sobre los adoquines del puente de San Luis, El albur del destino me llevo hasta ella, su arrugado papel  hacia extraña la belleza de su contenido, la pausa en sus palabras, el verso hecho protesta, la poesía ilustrada de aquellas frases, el sentido común del argumento, los renglones en línea de su prosa, la expresividad de su erotismo, propia de un Alberto Moravia en su adolescencia, hacían de aquella carta, que en mi imaginación pudieras debutar en el Moulin Rouge, como lo hiciera Nikole Kidman con Satine, en el bohemio París de 1900.
Como un Picasso más de aquella época, revivo en mi locura imaginaria, con colores extensos y me pongo a pintarte en mi cabeza, tu sombra paseando a la orilla del sena, tu silueta envuelta en tu ternura, oliendo a tu perfume francés originario, que va dejando rastro en las esquinas, y dándote mil besos, los cuento de nuevo para que sean dos mil, sin conocerte, de ti, solo tengo tus textos, y la firma al final con tu apellido, con la enérgica rubrica de tu temperamento.
Aquella tarde, leyendo tu carta tirada en el suelo, conocí Paris, 

No hay comentarios:

Publicar un comentario