Aquella tarde, empezó a llover, me protegí del agua en un café pequeñito del Paris
del sena, las gotas gordas conformaban los charcos, que indicaban que la
lluvia iría a mas, las cristaleras
empañadas de vaho y sabores no dejaban ver la terraza con sus sillas mojadas al aire, la lluvia no amainaba,
cuando el viento hizo su presencia, las calles parisinas se llenaban de gorros
y bufandas, de paraguas abiertos, y
guantes de pieles, así fue siempre el frío parisino del otoño romántico
francés, sus relatos son muchos, sus besos infinitos, su vino caliente con
canela.
Desde el
Louvre hasta la torre Eiffel, el sena patrimonio de la humanidad, nos acerca a
sus gentes, la isla de la cité, nos muestra su universal catedral de Notre
dame, fue allí en mitad de aquel mercado de las flores, donde supe de ti, tu
letra menuda me remitía a los años de la revolución, al compás del silbido de la
marsellesa imaginé como seria tu cara, y
el tacto de tus manos, que escribieron esa carta perdida con tu nombre, sobre
los adoquines del puente de San Luis, El albur del destino me llevo hasta ella,
su arrugado papel hacia extraña la
belleza de su contenido, la pausa en sus palabras, el verso hecho protesta, la
poesía ilustrada de aquellas frases, el sentido común del argumento, los
renglones en línea de su prosa, la expresividad de su erotismo, propia de un Alberto
Moravia en su adolescencia, hacían de aquella carta, que en mi imaginación
pudieras debutar en el Moulin Rouge, como lo hiciera Nikole Kidman con Satine,
en el bohemio París de 1900.
Como un Picasso más de aquella época, revivo en
mi locura imaginaria, con colores extensos y me pongo a pintarte en mi cabeza,
tu sombra paseando a la orilla del sena, tu silueta envuelta en tu ternura,
oliendo a tu perfume francés originario, que va dejando rastro en las esquinas,
y dándote mil besos, los cuento de nuevo para que sean dos mil, sin conocerte,
de ti, solo tengo tus textos, y la firma al final con tu apellido, con la enérgica rubrica de tu temperamento.
Aquella tarde, leyendo tu carta tirada en el
suelo, conocí Paris,
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