viernes, 18 de enero de 2013

Matías


Cada día, el ruido de su vespa negra marcaba las hora exacta de las 12 del mediodía,  puntual como siempre, Matías, subía la cuesta acelerando el motor de su motocicleta, con su cartera al hombro, a veces llovía, otras la niebla densa, no le dejaba ver el final de la calle, su trabajo era ese la correspondencia, y con ella repartiendo alegrías, tristezas, verdades anónimas, mentiras públicas.
María, llevaba años esperando su turno sin hacer cola, había tomado la decisión de poner un nuevo buzón, que le trajera suerte, alguna vez su sueño mejoraría su vida, y se haría realidad, podría leer su carta con la paciencia con la que la esperó.
Su deseo contrastaba con su realidad, el desencanto no la  hicieron desistir de su compromiso de levantar la ventana cada mañana, aun sabiendo que el sonido de la vespa de Matías no se detendría en mitad de la cuesta a la altura de su número 17.

Él lo intuía,  miraba de reojo hacia aquella ventana de visillos blancos y silueta de mujer de pelo largo, pero él más que nadie sabía  que su carta no la traía, era lo primero que revisaba en su  reparto, buscaba con ansiedad aquella dirección, aquel número de mitad de la cuesta, aquella carta que tanto esperaba su destinataria.
Una  y otra vez, revisaba cada paquete, cada sobre que llegaba a su oficina postal, Matías no podía ser su remitente, pero no le importaba haberlo sido, pensó en ello en muchísimas ocasiones, nada justificaba el tiempo que pasaba esa mujer  esperando su carta en aquella ventana cada mañana.

No se rinde, el tiempo pasa y ella lo desafía con su sosiego, nada la retrae de su deseo
algún día la vespa de Matías, parará en su puerta, y él no le echara la carta en su  buzón, se la dará en mano y esperará  a que María la abriese, para ser cómplice de su lectura, ya lo ha sido durante todo el tiempo de su espera.
María es así, sabe que no tiene nada mejor que hacer en su vida que esperar esa carta que no llega, nadie conoce el nombre de su remitente, quizás no fuera escrita nunca, y su sello solo estuviera pegado en su cabeza, no es importante tanto encontrar lo que buscas, sino buscarlo, llenar de expectativas las mañanas, confundir a Matías que mirando de reojo sus cortinas, participa de ello cada día.

Son las doce menos cinco del mediodia, María impaciente, define su espera como larga, ayer  fue domingo y Matías no pasó por su calle, no subió su cuesta, ni escuchó el sonido de su motocicleta, la carta es el motivo, Matías todo su tiempo, toda su vida.





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