Era Iñigo, recordaba su voz, apenas cambiada hacia mas de
dos años, colgó el auricular no supo que
decirle por teléfono, " sí ", fue suficiente, pensando en que ponerse para la
cita abrió el armario, nada le resultaba apropiado, demasiado escote, colores con
los que no se veía, zapatos de tacón que nunca dominó, quiso calmarse, la histeria empezaba a
impregnar su vigorosa personalidad, jamás se le dio bien lo de la seducción,
hasta ese día, no había pensado en él para nada, y sin embargo, esa llamada la
hacia estar cada vez mas desesperada. Siempre se vio atractiva con el vestido
rojo, haciendo juego con los zapatos de tacón, pero esa tarde no podía quitar protagonismo a Iñigo,
quería estar radiante para él sin dejar de estar en un segundo plano, desechando
la idea del recurrido escote pronunciado, o cualquier otro tipo de insinuación
en transparencias, que anulara el brillo verde de los ojos de Iñigo.
Se miraba al espejo, recogiéndose el pelo echado para atrás como a la
antigua, su cuello al aire la hacia mas débil,
y quiso comparar soltándoselo, pestañas alargadas en un negro finísimo rasgaban el perfil de sus ojos, pinturas rupestres en las mejillas, sus
labios vestidos de carmín la alejaban cada vez mas de ella, ¿que le estaba
pasando?, si siempre había pensado que no era una mujer modificable, erguida en
sus convicciones, ningún hombre seria capaz de hacerla sucumbir en sus
principios, pero no había mas tiempo, el
suficiente para echarse unas gotas de perfume en sus muñecas y ponerse su
abrigo, abrir la puerta y dejar que Iñigo se encargara del resto
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